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Pruebas del Maratón

En el bullicio del centro de Málaga, una vendedora se sienta junto a su carrito de almendras, con la mirada perdida y las manos quietas sobre una bolsa que guarda su día a día. Cada puñado que ofrece lleva el sabor de una tradición que agoniza, el eco de generaciones que resisten en silencio contra el olvido. Allí, entre turistas y prisas, ella es el último latido de una Málaga que aún sabe a calle y a esfuerzo.
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